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palabras y palabras.

Amanda

Amanda no sabe de sí misma. ella camina todos los días. visita la iglesia una vez a la semana, ahí hábla con diferentes personas, entre ellas, el padre Pedro. El es un exorcista de 80 años y a pesar de que a Amanda le resulta difícil creer que aun puede él comprender sus confesiones, ella no deja de confiarle sus más íntimos secretos. el padre la olvida y ella por esta razón tiene que repetir su nombre cada una de las veces que entra al confesionario y siempre da al padre la misma impresión; una joven atractiva, con voz suave, de unos 25 o 26 años, el tipo de mujer que no se ve frecuentemente en lugar así. El tipo de mujer que el joven Pedro conoció en intimidad, envidioso de los hábitos eclesiásticos, él no fue sacerdote en su juventúd y en realidad, hubiera sido adecuadamente calificado como libertino por cualquiera que ocupara su posición en el clero y también por cualquier persona que supiera el significado de la palabra. Es así como las imagenes de sus años más activos, le acosaban, de alguna manera remordiendo su conciencia y de otra manera, pintando una tenue sonrisa disfrazada entre las extensas arrugas, gesto que dejaba ver parte de los purulentos dientes, siendo estos un simbolo del interior del hombre, quien aun siendo imagen de los sagrado, guarda pequeños fragmentos de situaciones sexuales con orgullo entre sus memorias, que son muestra de la cretividad que puede tener un promiscuo y pervertido burgués con suficiente tiempo libre para idear las parafilias-.